A casi seis décadas de las históricas revueltas, las calles del Barrio Latino de París recuerdan el estallido social liderado por estudiantes y obreros que desafió al gobierno del general Charles de Gaulle.
PARÍS.— El Barrio Latino de la capital francesa respira hoy una calma que contrasta drásticamente con los ecos de la memoria histórica. Se cumple un nuevo aniversario del Mayo Francés, la revuelta estudiantil y obrera que paralizó al país en 1968 y transformó de forma definitiva las estructuras sociales, culturales y políticas de Occidente. Lo que comenzó como una protesta universitaria en la periferia de París terminó convirtiéndose en la mayor huelga general de la historia de Francia.
El chispazo en las aulas
La mecha se encendió formalmente en el campus de Nanterre de la Universidad de París. Liderados por figuras estudiantiles como Daniel Cohn-Bendit y el Movimiento 22 de Marzo, los jóvenes alzaron la voz inicialmente contra la rigidez de las normas disciplinares, la segregación de género en las residencias y el descontento global por la guerra de Vietnam.
La respuesta de las autoridades fue la clausura del campus y la posterior intervención policial en la mítica Universidad de La Sorbona el 3 de mayo. Lejos de apagar el fuego, la represión gubernamental desató una ola de solidaridad popular que mudó las protestas de las aulas a las calles.
La noche de las barricadas y la unión obrera
El punto de inflexión llegó entre la noche del 10 y la madrugada del 11 de mayo, un episodio recordado como «La Noche de las Barricadas». Miles de estudiantes levantaron adoquines, volcaron automóviles e improvisaron defensas para resistir las cargas de las fuerzas de seguridad en el Barrio Latino, dejando un saldo de cientos de heridos y detenidos.
El movimiento estudiantil demostró su verdadero poder de convocatoria el 13 de mayo, cuando la clase trabajadora y los principales sindicatos se unieron a las protestas. Aquella jornada derivó en una huelga general que movilizó a más de 9 millones de trabajadores, paralizando fábricas emblemáticas como Renault, el transporte público y los servicios básicos de toda la nación.
El desenlace político
Acorralado por la parálisis económica, el gobierno francés negoció a contrarreloj los históricos Acuerdos de Grenelle el 27 de mayo, otorgando un aumento del 35% al salario mínimo y la reducción de la jornada laboral.
En un movimiento táctico, el presidente Charles de Gaulle disolvió la Asamblea Nacional y convocó a elecciones anticipadas para finales de junio de 1968. Pese al caos previo, la mayoría silenciosa otorgó un rotundo triunfo electoral al partido gaullista, devolviendo el control político al Ejecutivo y diluyendo las protestas callejeras.
Un legado incalculable
Aunque el Mayo del 68 no logró la revolución política que algunos líderes estudiantiles pregonaban bajo lemas como «Seamos realistas, pidamos lo imposible», su impacto cultural fue irreversible. El movimiento derribó los valores tradicionales de una sociedad autoritaria, abriendo paso a la liberación sexual, el feminismo moderno, los derechos civiles y una reforma educativa sin precedentes. Hoy, los adoquines de París ya no se usan como proyectiles, pero siguen sosteniendo el recuerdo de la primavera en que la juventud cambió el mundo.
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