Tras la derogación del Decreto 693-24 por parte del Poder Ejecutivo, el mercado dominicano entra formalmente a la etapa de arancel cero para la importación de arroz procedente de los Estados Unidos bajo el tratado de libre comercio DR-CAFTA. La medida elimina la barrera de protección temporal que mantenía el país, planteando serios desafíos para la competitividad del cereal criollo frente a los menores costos de producción y mayor rendimiento del grano estadounidense.
El arroz constituye el pilar fundamental del aparato productivo y de la seguridad alimentaria nacional. Según datos del Ministerio de Agricultura, en 2025 la producción nacional alcanzó los 14.78 millones de quintales, cubriendo el 96 % de la demanda interna (con un consumo anual per cápita que subió a 141.92 libras) y dejando solo un 4 % pendiente para ser compensado con importaciones. Además, el rubro es el principal receptor de crédito estatal: en 2025 captó el 44.9 % de los financiamientos del Banco Agrícola (RD$8,419.7 millones) para respaldar más de 613 mil tareas sembradas y a más de 6,000 productores.
Pese al alto volumen de financiamiento y la autosuficiencia productiva alcanzada, los arroceros enfrentan una desventaja estructural en costos frente al mercado norteamericano. Desde la Federación Nacional de Productores de Arroz (Fenarroz), su presidente Marcos Rodríguez destaca que la principal fortaleza del grano local para competir sigue siendo la preferencia del consumidor por su sabor y textura, al punto de que el arroz importado suele ser mezclado con el criollo para su comercialización. No obstante, el sector espera definiciones claras del Gobierno sobre las medidas que aplicará para resguardar la rentabilidad y sostenibilidad del campo dominicano en este nuevo contexto de apertura total.


