Por Francisco A. Lluberes G.
La designación del mayor general retirado Juan Manuel Méndez García como director ejecutivo del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) me parece uno de los movimientos que más atención merece dentro de los recientes cambios dispuestos por el presidente Luis Abinader.
Y no precisamente por el cargo en sí mismo, sino por el significado que puede tener colocar al frente de la institución responsable de la regulación del tránsito a un hombre cuya trayectoria profesional ha estado marcada, durante más de dos décadas, por una misión fundamental: salvar vidas.
Durante 21 años, Juan Manuel Méndez estuvo al frente del Centro de Operaciones de Emergencias (COE). Su trabajo consistió precisamente en anticiparse a la tragedia, coordinar instituciones y tomar decisiones para reducir sus consecuencias.
Ahora tiene delante una tragedia de otra naturaleza.
Una tragedia que ocurre todos los días.
República Dominicana y una emergencia que lleva años
República Dominicana tiene un problema serio con la seguridad vial. Y lo más preocupante es que no se trata de una crisis reciente.
Durante muchos años, nuestro país ha aparecido entre las naciones con las tasas más elevadas de muertes por accidentes de tránsito a nivel mundial y, de manera recurrente, ocupando el primer lugar en mortalidad vial per cápita entre los países analizados en distintos estudios internacionales.
Esto debería ser motivo suficiente para que el tránsito sea tratado como una emergencia nacional permanente.

No podemos acostumbrarnos a escuchar que cada año miles de dominicanos resultan muertos o lesionados en nuestras carreteras y calles como si se tratara de una consecuencia inevitable de la vida moderna. No lo es.
Un huracán no puede detenerse. Un terremoto no puede evitarse. Pero un conductor que excede los límites de velocidad, una persona que conduce bajo los efectos del alcohol, una motocicleta que circula sin las condiciones mínimas de seguridad o un vehículo que no reúne las condiciones para transitar son factores sobre los cuales el Estado sí puede actuar.
Por eso, el problema del tránsito no debe abordarse únicamente desde la movilidad.
Debe abordarse desde la protección de la vida.
De cuidar vidas ante los desastres a prevenir muertes en las carreteras
Durante años, Méndez estuvo al frente de una estructura cuya misión era coordinar la respuesta ante las emergencias.
Ahora tendrá que hacer algo todavía más complejo: prevenir una emergencia que ocurre todos los días.
Para lograrlo no bastará con discursos, campañas publicitarias o llamados a la prudencia.
El país necesita autoridad, controles, fiscalización y cumplimiento de la ley.
Y aquí es donde considero que el Intrant tiene una deuda importante con la sociedad dominicana.
Tenemos leyes, reglamentos, instituciones y organismos responsables de la seguridad vial. Sin embargo, muchas veces la realidad de nuestras calles demuestra que existe una enorme distancia entre lo que establecen las normas y lo que realmente ocurre.
Hay conductores que circulan a velocidades peligrosas. Motociclistas que transportan pasajeros sin las condiciones mínimas de seguridad. Vehículos que deberían estar fuera de circulación. Conductores que utilizan teléfonos mientras manejan. Personas que conducen bajo los efectos del alcohol. Semáforos ignorados. Aceras ocupadas. Transporte público desorganizado.
Y, sobre todo, una percepción de que las posibilidades de ser sancionado son demasiado bajas.
Ese último punto es fundamental.
Una ley que no se fiscaliza pierde capacidad de disuasión.
El gran reto: que el Intrant recupere su capacidad de regulación
Juan Manuel Méndez tendrá que demostrar que su llegada al Intrant no es simplemente otro cambio administrativo.
Tiene la oportunidad de convertir la institución en un verdadero instrumento de transformación de la movilidad y la seguridad vial.
Para ello deberá fortalecer los mecanismos de regulación y trabajar de manera coordinada con la Digesett, la Policía Nacional, los ayuntamientos, el Ministerio de Obras Públicas, el Ministerio de Salud Pública, el sistema de emergencias y las organizaciones vinculadas al transporte.
Pero también deberá establecer una cultura de fiscalización permanente.
No podemos pretender reducir las muertes en las carreteras si los controles solamente se intensifican durante Semana Santa, Navidad o determinados feriados.
La seguridad vial debe funcionar los 365 días del año.
El conductor debe saber que las normas se cumplen no porque haya un operativo especial, sino porque existe una autoridad permanente que vigila y sanciona.
Méndez tiene algo que muchos funcionarios no tienen
Hay un elemento que considero particularmente importante en este nombramiento.
Juan Manuel Méndez llega al Intrant con una experiencia que no se aprende en un escritorio.
Durante más de dos décadas estuvo literalmente frente a las emergencias del país. Conoció el costo humano de una mala prevención y la importancia de actuar antes de que una situación se salga de control.
En el COE aprendió que la coordinación salva vidas.
Ahora tendrá que demostrar que esa misma filosofía puede aplicarse al tránsito.
Prevenir, coordinar, fiscalizar, actuar.
Son cuatro palabras que deberían formar parte de la nueva etapa del Intrant.
No se trata solamente de organizar el tránsito
A veces reducimos el problema del tránsito a los tapones.
Pero el verdadero problema no es solamente cuánto tardamos en llegar de un punto a otro.
El verdadero problema es cuántas personas no llegan nunca a su destino.
Cada familia que pierde a un padre, una madre, un hijo o un hermano en un accidente de tránsito queda marcada para siempre.
Por eso considero que el nuevo director del Intrant tiene una responsabilidad que va mucho más allá de administrar una institución pública.
Tiene la oportunidad de encabezar una política nacional orientada a salvar vidas.
Y eso conecta directamente con la trayectoria que ha construido durante toda su carrera.
Juan Manuel Méndez pasó 21 años diciéndonos qué hacer para protegernos cuando llegaba una tormenta.
Ahora tiene delante una tormenta que no llega una vez al año.
Está en nuestras calles todos los días.
Y esa tormenta se llama inseguridad vial.
El reto es enorme. Pero también lo es la oportunidad.
Si el nuevo director logra convertir la experiencia del COE en una política efectiva de prevención, regulación y fiscalización del tránsito, su gestión podría marcar un antes y un después.
Porque al final, el éxito de un director del Intrant no debería medirse solamente por cuántos vehículos circulan mejor, cuántos tapones se reducen o cuántas normas se modifican.
Debería medirse por cuántas vidas logramos salvar.







