Santo Domingo.– El ayuno intermitente se ha convertido en una de las estrategias alimentarias más populares para perder peso y mejorar la salud. Sin embargo, aunque numerosos estudios le atribuyen beneficios metabólicos y potenciales efectos sobre el envejecimiento, el cáncer y la función cognitiva, la evidencia científica disponible en humanos continúa siendo limitada y, en algunos casos, contradictoria.

La práctica consiste en establecer períodos específicos sin consumir alimentos. Entre sus modalidades se encuentra la dieta 5:2, en la que se come normalmente durante cinco días y se reduce considerablemente la ingesta calórica durante los otros dos, así como esquemas que restringen la alimentación a determinadas horas del día.

No es una fórmula mágica

La nutricionista Krista Varady, de la Universidad de Illinois en Chicago, sostiene que el ayuno intermitente puede contribuir a la pérdida de peso, pero no necesariamente supera a otras estrategias dietéticas.

Según las investigaciones disponibles, las personas pueden experimentar una reducción de peso cercana al 5 %, acompañada en algunos casos por mejoras en determinados indicadores metabólicos, como la presión arterial y el colesterol.

Esto significa que el ayuno puede ser una herramienta útil para algunas personas, pero no existe evidencia suficiente para considerarlo una fórmula excepcionalmente superior a otras formas de alimentación saludable.

La gran diferencia entre animales y humanos

Parte del entusiasmo alrededor del ayuno intermitente surgió de investigaciones realizadas en animales.

En estudios con ratones, moscas y otros organismos, la restricción de los períodos de alimentación ha mostrado efectos importantes sobre el metabolismo, el envejecimiento y determinadas enfermedades.

Uno de los mecanismos estudiados es la autofagia, un proceso mediante el cual las células reciclan componentes dañados.

Sin embargo, trasladar estos resultados a los seres humanos no resulta sencillo. Los animales de laboratorio tienen tasas metabólicas muy diferentes y viven bajo condiciones alimentarias completamente controladas.

Un período de ayuno que representa una cantidad considerable de tiempo para un ratón no necesariamente produce el mismo efecto biológico en una persona.

El problema: saber qué come realmente la gente

Uno de los principales obstáculos para estudiar las dietas es aparentemente sencillo: los investigadores no siempre pueden saber con exactitud qué comen los participantes.

Muchos estudios dependen de diarios alimentarios o cuestionarios en los que las personas deben recordar y registrar sus comidas.

El problema es que pueden olvidar alimentos, calcular mal las porciones o incluso omitir deliberadamente información.

Investigaciones que utilizan técnicas más precisas, como el método del agua doblemente marcada, han encontrado diferencias importantes entre las calorías que las personas dicen consumir y las que realmente ingieren.

De acuerdo con los investigadores citados, algunas personas pueden subestimar considerablemente su consumo diario de alimentos.

¿Puede ayudar contra el cáncer?

El ayuno intermitente también ha generado expectativas por sus posibles efectos contra el cáncer.

Los estudios realizados en animales han mostrado resultados interesantes, incluyendo una posible mayor resistencia de las células sanas frente a determinados tratamientos.

Sin embargo, los resultados en seres humanos han sido mucho menos contundentes.

Algunas investigaciones han encontrado posibles beneficios en determinados contextos, pero todavía no existen pruebas suficientes para afirmar que el ayuno intermitente prevenga o trate el cáncer.

También se investiga su impacto en el cerebro

Algo similar ocurre con las afirmaciones relacionadas con la memoria y la función cognitiva.

Los experimentos con animales han mostrado resultados prometedores, pero la evidencia disponible en seres humanos todavía no permite concluir que el ayuno intermitente pueda prevenir de manera comprobada el deterioro cognitivo o prolongar la vida.

Por ello, los investigadores llaman a interpretar con cautela las afirmaciones difundidas en redes sociales.

La tecnología podría cambiar la investigación

Los científicos buscan nuevas formas de determinar con mayor precisión qué comen las personas.

Entre las tecnologías que se encuentran en desarrollo aparecen cámaras portátiles, sensores capaces de detectar la masticación, tenedores inteligentes y dispositivos que pueden analizar nutrientes.

También se estudia la combinación de diarios alimentarios con análisis de sangre y orina y dispositivos portátiles para obtener información más objetiva.

El objetivo es reducir la dependencia de los recuerdos y declaraciones de los participantes.

Una conclusión más prudente

La evidencia disponible apunta a que el ayuno intermitente puede ser una estrategia efectiva para perder peso y mejorar algunos indicadores metabólicos, especialmente cuando ayuda a reducir la ingesta calórica total.

Pero las afirmaciones de que puede prolongar considerablemente la vida, prevenir el cáncer o proteger el cerebro todavía requieren investigaciones más sólidas en seres humanos.

En definitiva, el ayuno intermitente parece ser una herramienta dietética prometedora, pero no una solución milagrosa. La ciencia continúa intentando determinar qué beneficios son reales, para quiénes funcionan mejor y cuáles son simplemente conclusiones extrapoladas de estudios realizados en animales.

Y mientras esa evidencia se fortalece, los especialistas recomiendan mirar con cautela las promesas extraordinarias difundidas por influencers y redes sociales.

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