Carta de despedida de Juan Bolívar Díaz: fueron jornadas de esperanza y desilusiones

"Dije que había llegado el momento de dejar el espacio a representantes de las nuevas generaciones, que rechazaba la tradición de los dirigentes dominicanos de ocupar los cargos hasta la muerte".

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El veterano periodista Juan Bolívar Díaz se retira este viernes de una vida laboral dedicada al periodismo crítico y de entrega. En ella, se muestra agradecido y promete editar las memorias de lo que no pudo ni escribir, ni decir en su ejercicio profesional.

Este viernes, el Grupo de Medios Corripio, en la persona de Manuel Corripio, despidió a Juan Bolívar Díaz, tras 33 años de labor en la dirección del matutino Uno más Uno de Teleantillas.

En la reflexión, Díaz cuenta que ya la había anunciado su salida en el 2017, cuando celebraban 30 aniversario del espacio televisivo. “Dije entonces que sólo permanecería en la televisión hasta que transcurriera el proceso electoral del 2020, porque entendía que iba a poner en juego la institucionalidad democrática. Pues ya pasó el proceso electoral y la institucionalidad prevaleció”, comentó.

A continuación, las reflexiones de Juan Bolívar Díaz

Introducción: Cantares de Antonio Machado, por Joan Manuel Serrat: Todo pasa y todo queda/ pero lo nuestro es pasar…se hace camino al andar, golpe a golpe, verso a verso.

Hace 33 años y 7 meses que llegué a Teleantillas y ya acumulaba 19 años en la profesión de periodista, el mejor oficio del mundo, según Gabriel García Márquez. Desde entonces han pasado  muchísimas lunas  e incontables acontecimientos. Seis semanas después, el 17 de marzo del 1987, conmemorando el 12 aniversario del martirio del compañero periodista Orlando Martínez,  iniciamos el telediario Uno+Uno,  Son 403 meses, 1,706 semanas, 12 mil 255 jornadas  de sol brillante y de días nublados, de esperanzas y desilusiones.

Al celebrar el 25 aniversario de Uno+Uno,hace 8 años, comencé a anunciar mi retiro de la televisión, convencido por el Eclesiastés, de que todo tiene su tiempo bajo el sol, tiempo de sembrar y tiempo de cosechar, un tiempo para esparcir piedras, y tiempo para recogerlas, tiempo para abrazarse y tiempo para despedirse.

Para mi, en Uno+Uno  y en la televisión, ha llegado el momento de la despedida. La comencé hace 5 años, cuando decliné la responsabilidad de dirigir la información de Teleantillas, lo que recayó en el querido compañero Adalberto Grullón.

En marzo del 2017, cuando celebramos el 30 aniversario de Uno+Uno, dije que había llegado el momento de dejar el espacio a representantes de las nuevas generaciones, que rechazaba la tradición de los dirigentes dominicanos  de ocupar  los cargos hasta la muerte. Porque los años empezaban a marcar seriamente sus huellas y se iba perdiendo el buen tiempo que pasò.

Dije entonces que sólo permanecería en la televisión hasta que transcurriera el proceso electoral del 2020, porque entendía que iba a poner en juego la institucionalidad democrática.

Pues ya pasó el proceso electoral y la institucionalidad prevaleció. Como he pretendido toda la vida ser coherente, he aquí que hoy me despido, sin dejar de reconocer la inmensa tristeza que me embarga y la nostalgia que ya comienzo a sentir.

Cuando don Pepín Corripio me solicitó dirigir la información de Teleantillas y establecer un telediario matinal competitivo, le pregunté si sabía cómo era yo de exigente. Le advertí que yo no duraba  mucho en los empleos periodísticos, que donde más tiempo había estado era en la dirección del diario El Sol, por 3 años y medio. Y precisé que nunca me habían botado de un empleo, casi siempre de director, que era yo quien me iba, cuando me achicaban la libertad.

Y he aquí que en  Teleantillas he pasado más de 33 años y me voy con profundo agradecimiento, por don Pepín y sus hijos,  que no sólo me permitieron ejercer la profesión con la mayor libertad posible, sino que además me han honrado con un tratamiento familiar, con gran afecto.

Hay muchos otros  empresarios a quienes debo gratitud, como a don Alejandro Grullón y su hijo Manuel Grullón, a  los hermanos León Asencio, especialmente a don José, a Rafael Perelló y su familia, aLuis Molina Achécar, al recién desaparecido fundador de Utesa, Príamo Rodríguez  y a otros que me dieron  aliento en tiempos de tormentas tropicales.

Hay tanta gente a la que tendría que buscar para abrazarla y expresarle gratitud que resulta imposible. A varios de ellos los fuimos perdiendo en el camino, como mi querida asistente Ana Tejada,  los jefes de redacción Moisés Blanco Genao y Julián Cabrera, los reporteros Jaime Wilmore,  Felicia González y  Daniel Martich. Y el inigualable productor y editor Frank Durán.

Gratitud a los que me acompañaron en la fundación de Uno+Uno,  Luis Gonzalez Fabra, Luis Concepción, Sergio Cueto, Lidia Ariza, Francis Moya, Patricia García, Alicia Custals y Marcia Facundo. A las asistentes Erica Guzmán, Julieta y Ana Tejada, Keidy Matos, Yaniris Guzmán y Carla Araujo, comentaristas, entrevistadoras y presentadoras del temple de Margarita Cordero, Ana Selman, Ana Mitila Lora, Altagracia Salazar, Veri Candelario, Josefina Navarro, Adriana del Conte, Dannira Caminero. O periodistas de la categoría de Bienvenido Alvarez, Fausto Rosario, Félix Calvo, Gustavo Olivo, Erick Mendoza, Damaris Ramìrez, Arelis Ceballos, Kenya Carmona , Carlos Julio Félix, Altagracia Paulino, María Scarbay, Susana Flete. Y camarógrafos como Marcos Reyes, Hamilton Cabrera, Luis Méndez  y muchos más.

Tampoco podemos  olvidar a los directordes técnicos Daniel López, Rafael Gil, Robinson Martínez, Claudia Florimón y productores Miguel de Mena, Etzel Báez, Sandy Rosario y Manuel Leger,  a las maquillistas Isabel Martain y Kenya Mendoza, y los  imprescindibles  utilitis Miguel Angel Núñez  y  Doña  Elpidia La Paix,

Mención muy especial para los héroes  Gary Castillo, Roberto Feliú, y Adalberto Grullón, que me han soportado 33 años y se mantienen en Teleantillas. Y para el querido sociólogo de la pelótica nacional Cándido Mercedes, un colaborador voluntario que nunca cobró en Teleantillas y estaba presen5te casi todos los días en la última década.

Mi mayor orgullo ha sido dirigir una orquesta, tratando de sacar de cada las mejores notas para conformar una armonía. Los éxitos son colectivos, las deficiencvias de mi responsabilidad. Por eso lo que más añoraré será a la gente que me acompañó por estos caminos de la comunicación en un país aún muy pobre, donde todavía es un privilegio disfrutar de agua potable y energía eléctrica de forma permanente, lo que a veces provoca desesperanza y frustración.

Benedetti y Vigletti, A dos Voces: Benedetti recita: Unas veces me siento como pobre camino… Y entra Vigliuetti: con Los caminos de la vida son tantos tantos y tantos,  (Es la segunda o tercera canción del concierto)

Definimos a Uno+Uno como  principio y fin de la comunicación, que es la sumatoria de los seres humanos, hacer común  sus sueños, sus luchas, sus esperanzas, defender sus derechos, promover la inclusión social, repeler las desigualdades.

Veníamos cargados de sueños, rayando en utopías, pero que nos hacían caminar, convencidos de que detenernos era petrificarnos en medio del camino, como la mujer de Lot..Somos  de la generación de los sesenta, cuando Danny León escribió aquel poema que ganó el segundo festival de la canción dominicana en 1969, interpretado por July Morales:

Canción Habrá un nuevo Mundo:  Está llegando el fin, el tiempo morirá… Habrá un nuevo mundo, inmenso y armonioso donde las noches serán tan claras como la luz del día. Ahí está nuestro mundo…

Entonces los periodistas luchábamos por dar contenido a la comunicación plural, de Un solo mundo con voces múltiples, como proclamó el informe Mc Bride para la Unesco en 1980. Aùn en Uno+Uno, dedicaba tiempo a la docencia, a las actividades gremiales para la superación profesional, y a organizaciones sociales, como Participació Ciudadana.

No hemos visto ese mundo de noches tan claras como la luz del día. Pero lo hemos promovido, con entusiasmo y alegría.

Llegué a la televisión para tratar de dar voces a los que no la tenían, para abrir la pantalla de manera que todos los sectores pudieran defender y promover  sus intereses, no solamente los de grandes intereses.

Nos mantuvimos en la vanguardia, en la promoción de la inversión en educación y salud, en la reivindicación del oro de Cotuí, de la bahía de las Aguilas, del parque Los Haitíses y de los lechos de los ríos. En el rechazo a la ignominia de la venta del barrio Los 3 Brazos,

Nunca faltamos a una cita con las reformas políticas e institucionales, ni a la defensa de las elecciones democráticas, en lo que gastamos una alta proporción de nuestras energías, deb atiendo el uevo codito laboral o el sistema de seguridad social.

No transamos con los responsables de los fraudes bancarios que hundieron la economía nacional, ni con los corruptos, como los de los Tucanos o los de Odebrecht.

Cuando se materializó el genocidio civil de la sentencia 168-13 no nos dejamos chantajear de los que nos tildaron de traidor a la patria, hasta que logramos  la ley 169-14 que devolvió la nacionalidad a 55  mil personas, que con un promedio de dos dependientes que también estaban afectados, libramos de la apatridia a 165 mil personas.

Tampoco renunciamos a la defensa de los derechos de los inmigrantes, los que nos llegan y los nuestros que se han ido, todos seres humanos en búsqueda de mejor vida. Sin dejar de abogar por eficientes políticas migratorias.

Nunca transigimos tampoco con el asesinato de muchachos pobres, delincuentes y presuntos delincuentes, y a menudo inocentes, ejecutados en la práctica primitiva de los llamados intercambios de disparos. No defendimos delincuentes, sino derechos de seres humanos.

Desde el inicio de la profesión me definí como feminista, porque quería promover  los derechos de esa mitad de los seres humanos que son las mujeres, lo más hermoso sobre la faz de la tierra. Estamos aún lejos de la equidad, pero  en estas tres décadas hemos contribuido a importantes avances.

Con Mario Benedetti aprendimos a defender la alegría como una trinchera/ defenderla del escándalo y de la rutina/ de la miseria y de los miserables/de las ausencias transitorias y de las definitivas/ defender la alegría como un principio, defenderla del pasmo y de las pesadillas, de los neutrales y de los neutrones…

Nunca nadie nos demandó pero si alguna vez ofendimos a alguien, aquí dejamos constancia de desagravio,  porque nunca nos creímos infalible y cuando se nos mostróel error, no dudamos en rectificar. Porque como legó León Felipe, no he sido suficientemente bueno, y quisiera haber sido mejor,  porque a estas alturas de tres cuartos de siglo, estoy hecho de un barro que no está bien cocido todavía.

Me retiro y espero una vida menos angustiada, más tranquila, después de 62 años de trabajo. Y sacar tiempo para editar unas memorias de las cosas que no pude escribir ni decir en el ejercicio del periodismo.

Confío en el relevo de las nuevas generaciones de periodistas con sensibilidad social y convicciones de que la comunicación es común o no sirve para nada. Aliento a los que quedan responsables de Uno+Uno, a los compañeros y compañeras que hoy, con más sacrificios que nunca, lo hacen posible. En especial a los ejecutivos de Teleantillas que tanto me distinguen.

Me llevo la preocupación por la crisis del periodismo y por la debilidad en que la crisis actual ha sumido a los medios, especialmente a los periódicos y hasta a la televisión. Habrá que auspiciar políticas públicas para ayudarlos a sobrevivir y a recuperarse, porque han sido y son fundamento de la libertad de información, que tanto ha contribuido a la preservación de la institucionalidad democrática. Y para preservar el empleo de miles de trabajadores, empleados directos e indirectos, incluido cientos de periodistas.

Me voy agradecido de los dones de Dios, de los maestros, de la vida, y de los que me cobijaron, me rodearon y me alentaron  Todos dieron sentido a mi vida, como mi esposa Ada y nuestros hijos José Yude, Jennifer, Julio, Hilda, y Juan Gabriel, cuyo amor me ha sustentado en estos caminos. Por siempre, con el canto alegre del que espera un nuevo día.

Lo demás se lo dejo a nuestro poeta nacional, don Pedro Mir, que varias veces  nos honró con su presencia en Uno+Uno:

Final de Un País en el Mundo en la voz de Pedro Mir:  …Después no quiero más que paz, un nido de constructiva paz en cada palma, y quizás a propósito del alma, el enjambre de besos, y el olvido.

Despedida con Ana Belén y Víctor Manuel, en Sólo le pido a Dios…

(Acento)