Santo Domingo.– A sus 60 años, la comunicadora y presentadora dominicana Tania Báez atraviesa una de las etapas más plenas, libres y auténticas de su vida, lejos de los estereotipos asociados a la edad y más cerca de una visión donde el tiempo se convierte en sinónimo de sabiduría, energía y autoconocimiento.
“Para mí la edad no es un freno. Todo lo contrario: hoy tengo una sabiduría que no tenía a los 40 y una vivencia que no tuve a los 30. Eso me hace mucho más rica como mujer y como persona”, expresó Báez, quien asegura no sentirse definida por un número. “No me siento de 60, ni de 50 ni de 40. Me siento yo. Mi energía no tiene tiempo”.
La comunicadora destacó que su círculo social es diverso y multigeneracional, reflejo de una vitalidad que desafía los prejuicios y reafirma su convicción de que la edad no determina la forma de vivir ni de relacionarse con el mundo.
Romper con el mito de la mujer perfecta
Durante años, Báez confesó haber estado atrapada en lo que denomina el “síndrome de la mujer buena y perfecta”, una presión silenciosa que, según explicó, pesa especialmente sobre las mujeres con exposición pública.
“Me importaba encajar, que dijeran que lo hice bien. Probablemente por eso no decía lo que pensaba, no me reía tan duro, no era tan yo”, recordó en una entrevista con Luz García.
Esa etapa quedó atrás. “Ahora me interesa un carajo encajar. El que me quiera, que me quiera como soy”, afirmó con firmeza, subrayando que hoy solo le importa su entorno cercano, las personas que ama y su trabajo. “¿Por qué debería importarme lo que piensen personas que no conozco ni puedo controlar?”, reflexionó.
Autoconocimiento y búsqueda interior
Desde muy joven, Tania Báez sintió que había “algo más” fuera del molde tradicional que se esperaba de ella. Esa inquietud la condujo a un proceso constante de autodescubrimiento que incluyó terapia psicológica, acompañamiento psiquiátrico, retiros espirituales y diversas corrientes de crecimiento personal.
“Yo soy una buscadora. Siempre estuve tratando de encontrar dónde estaba mi paz”, confesó. Sin embargo, asegura que hoy vive un cambio significativo: “Ya no quiero buscar más. Ahora quiero disfrutarme, por dentro y por fuera”.
El dolor como maestro de vida
Entre los episodios más difíciles de su historia personal, Báez señaló el año 2021 como un punto de quiebre, marcado por la muerte de su padre, un divorcio y las secuelas emocionales y económicas dejadas por la pandemia.
En 2022, la grave enfermedad de su hija volvió a enfrentarla con la incertidumbre y el miedo. “Esos momentos me expusieron a la fragilidad de la vida”, afirmó.
Hoy, su relación con el dolor es distinta. “Antes me distraía; ahora lo habito. Lo siento, lo lloro y luego le pregunto: ‘¿Qué me trajiste?’”. Convencida de que ninguna emoción es eterna, asegura que incluso el sufrimiento puede transformarse en aprendizaje.
“Al otro día el sol vuelve a salir”, concluyó.







