La OMS eleva el nivel de riesgo mientras comunidades afectadas enfrentan desconfianza, escasez de recursos y ataques a centros de salud

El brote de Ébola en la República Democrática del Congo continúa expandiéndose en medio de una crisis marcada por la desinformación, el miedo y la violencia, mientras las autoridades sanitarias y organismos internacionales intentan contener la propagación del virus.

En las provincias de Ituri y Kivu del Norte, consideradas el epicentro del brote, residentes denuncian la falta de conciencia sobre la gravedad de la enfermedad y el relajamiento de las medidas preventivas.

“El ébola es una enfermedad real. La gente debe dejar de engañarse a sí misma”, afirmó Hélène Akilimali, comerciante de cacao en el este del país, quien aseguró que utiliza mascarilla constantemente para evitar contagiarse, aunque admite que muchos clientes continúan ignorando las medidas de protección.

La Organización Mundial de la Salud informó que al menos 177 muertes estarían relacionadas con el brote y que se han registrado cerca de 750 casos sospechosos hasta el momento. La enfermedad, que inicialmente surgió en zonas rurales, ya se ha extendido a ciudades como Bunia y Goma, mientras la vecina Uganda reportó cinco casos confirmados y dos fallecimientos.

Ante el aumento de contagios, la OMS elevó el nivel de riesgo a “muy alto” en territorio congoleño y “alto” a nivel regional, aunque mantiene bajo el riesgo global.

La situación se agravó tras incidentes violentos registrados en Ituri, donde familiares de una víctima intentaron retirar por la fuerza un cadáver de un hospital. Durante las protestas, manifestantes incendiaron parte de un centro de tratamiento de ébola, destruyendo varias instalaciones médicas.

Las autoridades locales prohibieron velorios y restringieron reuniones públicas, advirtiendo que los rituales funerarios tradicionales representan una de las principales vías de propagación del virus, debido al contacto directo con los cuerpos de las víctimas.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, insistió en que recuperar la confianza de las comunidades afectadas es clave para contener la epidemia y garantizar el funcionamiento de los servicios médicos.

La emergencia sanitaria también enfrenta serios obstáculos debido al conflicto armado en el este del país, donde más de dos millones de personas permanecen desplazadas, además de la precariedad histórica del sistema de salud y la falta de vacunas o tratamientos aprobados para la cepa actual del virus.

Organizaciones humanitarias alertaron además que los recortes de fondos internacionales han dificultado la capacidad de respuesta. Save the Children informó que sus equipos trabajan para distribuir cloro, desinfectantes y equipos básicos de protección en los centros médicos afectados.

“Estamos en un juego de ponerse al día. No hay suficientes recursos sanitarios”, advirtió Greg Ramm, director nacional de Save the Children en la RDC, quien alertó sobre el riesgo de colapso del sistema de salud si el brote continúa expandiéndose.

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