En una entrevista íntima para el canal Detrás de Escena con el productor Francisco Lluberes, el reconocido cineasta dominicano desnudó las tensiones entre arte, negocio y conciencia social en su carrera.

Santo Domingo, R.D. – En una conversación reveladora, sincera y cargada de anécdotas personales, el cineasta dominicano Alfonso Rodríguez fue entrevistado en el canal de YouTube Detrás de Escena, conducido por el también productor Francisco Lluberes. A lo largo del diálogo, Rodríguez compartió no solo su trayectoria profesional, sino también las contradicciones y desafíos que ha enfrentado al intentar hacer un cine que vaya más allá del entretenimiento.

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Uno de los momentos más impactantes de la entrevista fue cuando habló de Junior, una película con fuerte carga social que terminó siendo un fracaso en taquilla. “La gente pide películas con contenido, pero no las va a ver. Hicimos Junior y fue un fracaso”, confesó. La producción le dejó una pérdida de más de 8 millones de pesos, pero reafirmó su compromiso con un cine que provoque reflexión.

Según Rodríguez, su socio Bonetti le sugirió volver a la comedia como fórmula para recuperar lo invertido. “Cuando no haces comedia, pierdes dinero. La crítica social, aunque necesaria, no llena salas”, aseguró. La entrevista muestra cómo el director navega entre su vocación por el cine de contenido y la presión de responder a un mercado que privilegia el humor sobre la profundidad.

Rodríguez también relató cómo sus estudios en California, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y Berkeley moldearon su visión artística. “Yo era un hijo de rico que nunca había cogido lucha. Pero cuando estudié en la UASD, empecé a ver la otra cara del país”, afirmó. Muchas de sus escenas están inspiradas en experiencias personales, como una vivida en un barrio donde le robaron las gomas del carro, hecho que terminó formando parte de Junior.

Más allá de sus películas, Rodríguez ha tenido un rol crucial en el desarrollo de la Ley de Cine dominicana, una herramienta que ha potenciado el crecimiento de la industria. “Cuando comenzamos éramos cinco. Ahora hay más de 70 directores jóvenes haciendo cine en el país”, celebró.

También resaltó el capital humano y técnico que ha convertido a República Dominicana en un destino atractivo para producciones internacionales: “Aquí la gente trabaja con una sonrisa. Eso vale oro para Hollywood”.

A pesar de reconocer que el negocio del cine requiere concesiones, el cineasta no renuncia a su misión: “Hay que hacer películas comerciales para sobrevivir, aunque uno quiera hacer cine que remueva conciencias”. Su documental Cáncer, un asesino silencioso, reconocido por el Instituto Oncológico, demuestra su apuesta por proyectos que impacten socialmente.

Alfonso Rodríguez no es solo un director con trayectoria; es un testimonio viviente de la lucha constante entre lo que se quiere decir y lo que el público está dispuesto a consumir. En esta entrega de Detrás de Escena, deja claro que seguirá haciendo cine que, aunque no siempre venda, sí incomode, despierte y transforme.

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