Por: Francisco LLuberes

En un país donde puedes pedir desde una funda de hielo hasta los ingredientes de tu comida, pareciera que lo único que no puedes pedir es que el consumidor esté pendiente de cuando llega el delivery.

Porque aunque tengamos un “nuevo modelo económico y comercial” que conecta plataformas, colmados y comercios como nunca antes, el dominicano promedio sigue funcionando con un sistema operativo antiquísimo:

Modo No Disponible: Activado Permanentemente.

 

El consumidor dominicano: maestro en pedir, fantasma al responder

La escena siempre es la misma:

  1. El consumidor pide con fe.
  2. El delivery se desmonta del motor con esperanza.
  3. El consumidor desaparece como si lo hubiera reclutado la NASA.

El repartidor llama, toca, escribe, reza, acelera el motor y nada, son esfuerzos sin resultados.

Hasta que no queda más remedio que usar el grito ancestral, el llamado tribal, el sonido que retumba en tres provincias:

“¡Coooooolmadooooo!”

Un grito que rompe ventanas, elimina estrés… y despierta enemigos.

Domingo familiar vs. El delivery con garganta olímpica

Usted, en paz, viendo televisión, disfrutando el día.

El país tranquilo.

La vida fluyendo.

Y de repente…

“¡COOOOOOOLMADOOOOOOO!”

Una voz que no suena humana y que resuena de ultratumba, un eco eterno como a película de terror con motor honda 70, y lo peor: el pedido no es suyo, pero el sobresalto sí.

La persona del pedido está bañándose, dormida o fingiendo que no oye, pero usted y todo el barrio reciben el concierto.

Usted, inocente, en su casa, reposando en esa paz bendita que solo un dominicano conoce después de comer arroz, habichuelas y carne…

Y de repente se activa la alarma sísmica vocal del delivery frustrado:

 

“COOOOOLMAD000OOOOOOO”

El costo real de vivir en un país moderno: tu paz auditiva

Las plataformas han avanzado, algunos colmados se han modernizado y los deliverys llegan más rápido que la ambulancia, pero el consumidor dominicano sigue atrapado en: “Ay, no escuché.”

Y mientras tanto, el delivery, sudado y desesperado, vuelve a invocar el grito legendario:

“¡Coooooolmadooooo!

Sí, vivimos en un país donde todo llega a tu puerta, pero mientras el cliente siga desapareciendo justo cuando suena el timbre, la República Dominicana seguirá atrapada en su himno no oficial:

“Coooooolmadoooooooo”

Ese grito eterno, inconfundible y definitivamente made in RD.

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