Pionyang.– El presidente de Rusia, Vladímir Putin, arribó este domingo 11 de enero a Corea del Norte para sostener un encuentro oficial con el líder norcoreano Kim Jong-un, quien lo recibió personalmente, en una visita cargada de simbolismo geopolítico y tensión internacional.

El encuentro reafirma lo que ambas naciones describen como una “alianza inquebrantable”, en un contexto marcado por conflictos y presiones externas: Rusia mantiene la guerra con Ucrania, mientras Corea del Norte sostiene una creciente confrontación con Corea del Sur y Estados Unidos.

Durante la reunión, Kim Jong-un expresó su respaldo absoluto al Kremlin. “Voy a respetar y apoyar incondicionalmente todas sus políticas y decisiones, y estoy dispuesto a estar siempre con usted por su bien y el de Rusia”, declaró el líder norcoreano, según medios oficiales.

Analistas interpretan esta visita como un mensaje estratégico directo a Estados Unidos y sus aliados, así como un posible paso hacia el fortalecimiento de la cooperación militar, que podría incluir el envío de tropas norcoreanas o el aumento del suministro de armas y municiones a Rusia para la guerra en Ucrania.

A cambio, Moscú podría brindar asistencia técnica, económica y tecnológica a Pionyang, especialmente en sectores clave afectados por las sanciones internacionales que pesan sobre el régimen norcoreano.

El encuentro más reciente entre ambos mandatarios ocurrió en septiembre de 2025 en Pekín, durante el desfile militar por el 80.º aniversario de la victoria contra la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial. En esa ocasión, Putin y Kim sostuvieron una reunión de más de dos horas, incluida una conversación privada de una hora.

Las relaciones entre Rusia y Corea del Norte se han intensificado en los últimos años. En junio de 2024, ambos países firmaron un Tratado de Asociación Estratégica Integral, que contempla una cláusula de defensa mutua frente a amenazas externas.

Este nuevo acercamiento entre Moscú y Pionyang genera preocupación en Estados Unidos, Corea del Sur y sus aliados, que observan con recelo el fortalecimiento de un eje político y militar que podría alterar el equilibrio de poder en la región y en el escenario global.

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