‘Clickbait’: el último bombazo de Netflix es un thriller adictivo que hace honor a su título

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Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que ‘Clickbait’ hace honor a su nombre. Al igual que todos aquellos titulares diseñados para embaucarnos a contenidos vacíos, la serie de Netflix hace lo propio con un adictivo pero hueco drama criminal. Es fácil picar en él y una vez dentro uno toma una decisión de quedarse o irse.

Yo me he quedado. Y como yo bastante gente más porque semanas después de su estreno sigue siendo de lo más visto en la plataforma. Un enemigo imbatible al que ni siquiera ‘La casa de papel’ ha logrado derrotar en estos últimos respiros del verano.

La miniserie, de ocho episodios, sigue la historia de Nick (Adrian Grenier). Un buen día aparece un vídeo suyo en Internet apalizado y sosteniendo carteles diciendo que “Abuso de mujeres” y que “A las cinco millones de visualizaciones, moriré”.

A partir de aquí se irá destapando una red de secretos y mentiras en torno a una doble vida de Nick en lo que Pia (Zoe Kazan), su hermana, y Sophie (Betty Gabriel), su mujer, intentan comprender lo que está pasando. Todo esto en una trama orquestada por Tony Ayres y Christian White.

Vayamos con la verdad por delante: ‘Clickbait’ es mala. Pero es ese tipo de mala serie que, por algún motivo, funciona y engancha. La historia no es nada del otro mundo, actuaciones entre lo decente y lo bueno (Kazan y Gabriel están muy bien) y la dosis de revelaciones con la clásica música de thriller te van llevando por el ligero metraje.

Quizás lo más interesante sea una estructura cambiando los puntos de vista en cada episodio, logrando dar al menos una sensación de prisma poliédrico en torno al misterio. Un truco efectivo que ayuda bastante a mover la trama y que el mar de secretos no se quede estancado. De hecho, según van avanzando los episodios más cuesta remar hacia delante.

La pena es que, por muy adictiva que sea, todo se queda a medio gas. Las grandes revelaciones y giros no terminan de causar la conmoción supuesta y los temas que quieren tratar los guionistas —que si las identidades, la crueldad, polarización en redes, etc.— no aterrizan, quedándose más en el aire de lo que convendría