Al menos 18 muertos y 65 heridos en Cali y Amalfi; el presidente Petro responsabiliza a disidencias de las FARC

Bogotá. – Colombia vivió este jueves una de sus jornadas más sangrientas de los últimos años tras dos ataques atribuidos a disidencias de las FARC: un atentado con explosivos contra la base aérea Marco Fidel Suárez en Cali y el derribo de un helicóptero militar en Amalfi, nordeste del país.

Los hechos dejaron hasta ahora 18 muertos y 65 heridos, cifras que evocan los episodios más oscuros de la violencia reciente. La prensa local calificó lo ocurrido en Cali como los “peores ataques terroristas” desde 2019, cuando el ELN detonó un carro bomba en Bogotá que dejó 21 muertos en la Escuela General Santander.

El presidente Gustavo Petro describió la jornada como “un día de muerte” y señaló directamente a la columna Carlos Patiño y al Estado Mayor Central (EMC), estructuras disidentes de las extintas FARC.

“Después de la derrota producida a la columna Carlos Patiño con la pérdida de buena parte del Cañón del Micay, tenemos una reacción terrorista en Cali”, escribió Petro en su cuenta de X, en referencia a la incautación de miles de municiones y explosivos realizada dos días antes en el Cauca.

🔴 El ataque en Cali

De acuerdo con las autoridades, los insurgentes utilizaron camiones cargados con cilindros bomba para atacar la base aérea Marco Fidel Suárez, en el norte de la ciudad de 2,2 millones de habitantes. Las explosiones hirieron a decenas de personas y dañaron viviendas aledañas.

Un sospechoso identificado como alias Sebastián, presunto miembro del EMC, fue capturado por ciudadanos mientras intentaba huir. Petro confirmó que los atacantes eran dos hombres que ingresaron sin armas, pero con cargas explosivas.

🔴 El derribo en Amalfi

En paralelo, un helicóptero militar fue derribado en el municipio de Amalfi, en el departamento de Antioquia, en un hecho también atribuido a disidencias armadas.

⚠️ Escalada de violencia y temor ciudadano

Los ataques ocurren en un clima de tensión creciente: hace pocas semanas, el país despidió al candidato presidencial conservador Miguel Uribe, asesinado a tiros en Bogotá en junio.

Analistas advierten que, aunque la violencia no alcanza los niveles de los años 80 y 90, los grupos armados parecen haber recuperado capacidad de fuego y coordinación, lo que plantea un reto enorme para el gobierno de Petro y revive el temor a un retorno de la violencia política y guerrillera.

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