Comerciantes de Las Pulgas dicen volverán a vender el domingo, en el mismo lugar

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“¡Nos quieren matar! ¡Queremos trabajar! ¡Queremos trabajar!”.

Así exclamaban este martes un grupo de comerciantes del mercado de Las Pulgas, al protestar en contra del cierre de sus operaciones en Santo Domingo Oeste.

Los comerciantes, apostados en los alrededores del Palacio Nacional, afirmaron que acudirán a vender y a reabrir sus negocios el próximo domingo, en el mismo lugar de donde fueron desalojados.

Los manifestantes se encadenaron y llevaron dos ataúdes, como símbolo de que quieren “matarlos” a ellos y a la democracia. Además, pidieron a gritos la reapertura de sus actividades comerciales y económicas, y le solicitaron al Gobierno que escuche sus quejas y dialoguen para encontrar soluciones.

En el mismo tono, reiteraron que están “ahogados” por las deudas y algunos dijeron, incluso, que quisieran morir debido a sus calamidades.

De paso, recordaron que tienen siete meses que no trabajan y su calidad de vida se ha empeorado; y rechazaron el lugar donde quieren reubicarlos en la autopista 6 de Noviembre.

José Manuel Caro, el presidente de la asociación que los agrupa, aseguró que el alcalde José Andújar realmente “no cerró” el mercado, sino que aprovechó la coyuntura del Covid-19 para clausurar sus operaciones.

Asimismo, destacó que le entregaron a Andújar un protocolo con las medidas sanitarias que están dispuestos a tomar para enfrentar el Covid-19.

Ese protocolo contempla estas medidas:

-Funcionamiento del mercado los sábados y domingos, para evitar aglomeraciones un solo día

-Los puestos de venta estarán distanciados 20 pies uno de otro, utilizándose cintas de precaución para un estricto cumplimiento

-Los vendedores y directivos deberán usar, obligatoriamente, alcohol, mascarillas, gel antibacterial, etc.

-Cada vendedor tendrá sus fundas plásticas para echar la basura, llevársela y depositarla en un lugar adecuado

-Uso de lavamanos y baños portátiles en lugares estratégicos.

La protesta

Una comerciante, desesperada por la situación, se metió en uno de los ataúdes y empezó a protestar, gritando a todo pulmón: “¡Me quiero morir! ¡Me van a matar! ¡No puedo, no puedo!”.

(El Nuevo Diario / Ling Almánzar)