Santo Domingo. – La República Dominicana perdió este martes a una de sus voces más grandes y universales: Franklin Domínguez, dramaturgo, escritor, director, actor y productor, reconocido con el Premio Nacional de Teatro y el Premio Nacional de Literatura, falleció a los 94 años tras una larga lucha contra una metástasis ósea.

El anuncio de su muerte sacudió el mundo cultural y artístico del país. La noticia llega apenas días después de que su familia confirmara su delicado estado de salud y su internamiento en un centro médico, donde permanecía bajo cuidados especializados y rodeado del cariño de sus seres queridos.
Conmoción en la cultura dominicana
El ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, expresó con pesar la magnitud de la pérdida:
“Con profundo pesar recibo la noticia del fallecimiento de Franklin Domínguez, maestro de las artes, quien se desempeñó como director de Bellas Artes y fue galardonado con el Premio Nacional de Teatro y el Premio Nacional de Literatura. Escritor, dramaturgo, director, actor y productor, dejó un legado invaluable en la cultura dominicana. Expreso mis más sinceras condolencias a sus familiares y amigos. Paz a su alma”.
El luto trasciende el ámbito artístico. Con Domínguez se apaga una de las figuras más influyentes en la construcción de la identidad cultural dominicana, cuya obra marcó generaciones y abrió caminos en escenarios nacionales e internacionales.
El hombre detrás del genio
Nacido en Santiago de los Caballeros el 5 de junio de 1935, Franklin Domínguez vivió muchas vidas en una sola: fue doctor en Derecho, dramaturgo, cineasta, periodista, político, publicista, docente y director teatral.
Su legado es monumental: más de 70 obras escritas, de las cuales unas 45 fueron llevadas a escena en América, Europa, Asia y África, traducidas a idiomas como francés, alemán, inglés, portugués, flamenco y papiamento.
Entre sus obras inmortales destacan:
Omar y los demás (1975) Lisístrata odia la política (1979) Los borrachos (1983) Las extrañas presencias (1992) La telaraña del poder (2000)
En el cine, su huella fue imborrable al dirigir y escribir La silla (1963), considerada la primera película dominicana de largometraje, una crítica feroz contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
Un legado eterno
Franklin Domínguez no fue solo un creador: fue un constructor de conciencia colectiva, un hombre que puso en escena las luces y sombras de la sociedad dominicana, siempre con valentía, lucidez y pasión por la verdad.
Hoy, el país llora su partida, pero su obra seguirá viva en cada teatro, en cada escenario, en cada palabra que sembró en el alma cultural de la nación.
La República Dominicana despide a un maestro eterno, un gigante cuya voz seguirá resonando más allá del tiempo.



