Director de Cuando Harry encontró a Sally…, Cuenta conmigo y La princesa prometida, Reiner deja un legado decisivo en la comedia, el drama y la libertad creativa del cine estadounidense.

Los Ángeles.– Rob Reiner, uno de los grandes narradores del cine norteamericano moderno, falleció dejando tras de sí una filmografía que redefinió la comedia romántica, revitalizó géneros clásicos y defendió, hasta el final, un cine guiado por las historias y no por el mercado. Tenía una carrera marcada por el humor, el compromiso político y una fe tardía —pero profunda— en el amor.

Su nombre quedó para siempre ligado a Cuando Harry encontró a Sally… (1989), una de las comedias románticas más influyentes de todos los tiempos. La película tuvo un final feliz porque Reiner, entonces soltero desde hacía una década, cambió su visión del amor tras enamorarse de la fotógrafa Michele Singer, con quien se casó ese mismo año y permaneció unido hasta su muerte. Aquel giro vital alteró el desenlace del filme y, sin saberlo, el imaginario romántico de varias generaciones.

Hijo del legendario cómico Carl Reiner y de la cantante Estelle Rebost, Rob Reiner inició su carrera como guionista en The Smothers Brothers Comedy Hour y alcanzó la popularidad como actor en la histórica serie Todo en familia, donde dio vida a Michael “Meathead” Stivic, icono del progresismo televisivo de los años setenta. Ganó dos premios Emmy y se consolidó como una figura central de la cultura popular estadounidense.

Tras su etapa en televisión, debutó como director con This Is Spinal Tap (1984), falso documental que no solo inauguró el mockumentary moderno, sino que reveló a Reiner como un cineasta con un control excepcional del tono, la sátira y los actores. A partir de ahí encadenó una racha extraordinaria: Cuenta conmigo, La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally…, Misery y Algunos hombres buenos, demostrando una versatilidad poco común y una mirada profundamente humanista.

En décadas posteriores alternó comedias románticas con proyectos más personales y políticos, como Being Charlie, sobre la adicción de su hijo Nick, o A la sombra de Kennedy, además de documentales y pódcasts centrados en la historia y la democracia estadounidense. En los últimos años había recuperado una intensa actividad creativa y trabajaba en nuevos proyectos vinculados a Spinal Tap.

Reiner fue también cofundador de Castle Rock Entertainment, productora clave para la existencia de obras como Cadena perpetua, Antes de amanecer, Seinfeld o Lone Star, defendiendo siempre la libertad creativa frente a las exigencias comerciales de los grandes estudios.

Crítico feroz del trumpismo y voz constante del progresismo en Hollywood, Rob Reiner se mantuvo fiel al espíritu combativo de su juventud. Hoy, colegas y amigos como Billy Crystal y Larry David lloran su partida.

Con su muerte se va un contador de historias que hizo reír, pensar y creer —aunque fuera por un par de horas— que el amor, como en el cine, a veces sí funciona.

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