El Salmo 23, uno de los textos más conocidos de la Biblia hebrea y cristiana, es atribuido al rey David y forma parte del libro de los Salmos, específicamente en el Antiguo Testamento. Su contenido ha trascendido lo religioso, convirtiéndose en un referente cultural y literario sobre la confianza, el consuelo y la esperanza en tiempos difíciles.
Texto del Salmo 23 (versión Reina-Valera 1960):
Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Interpretación general:
Verso 1: La imagen de Dios como pastor implica una figura de guía, proveedor y protector. El salmista expresa seguridad en que no le faltará lo esencial.
Versos 2–3: Se hace referencia al descanso, la calma y la restauración emocional y espiritual, guiado por un camino de justicia.
Verso 4: Se introduce la idea de peligro (“valle de sombra de muerte”), pero también de confianza, destacando la presencia protectora.
Verso 5: La metáfora cambia de pastor a anfitrión. Dios prepara una mesa, un acto de hospitalidad incluso frente a enemigos, lo que sugiere dignidad y protección.
Verso 6: Finaliza con una declaración de esperanza y permanencia en un estado de bienestar futuro, asociado al acompañamiento divino.
Uso contemporáneo:
Este salmo es frecuentemente citado en contextos de duelo, enfermedad o incertidumbre, por su mensaje de consuelo y fortaleza emocional. También ha sido utilizado en discursos públicos, música y literatura.



