A Delcy Eloína Rodríguez Gómez le preguntaron una vez por qué decidió estudiar Derecho en la Universidad Central de Venezuela tras terminar la secundaria. Su respuesta fue tan directa como reveladora:
“Tomé la decisión de hacer justicia en el caso de mi papá y entré a la escuela de Derecho”.

Hoy, a sus 56 años, Delcy Rodríguez —abogada, política de línea dura y figura clave del chavismo— es la presidenta interina de Venezuela y, para muchos analistas, la mujer más poderosa del país. Nicolás Maduro la llamó alguna vez “la tigresa”, un apodo que refleja tanto admiración como temor dentro del propio oficialismo.

Delcy es hija de Jorge Antonio Rodríguez, exguerrillero marxista y uno de los personajes más emblemáticos de la izquierda radical venezolana. Su padre fue el cerebro del secuestro del empresario estadounidense William Niehous y, tras ser arrestado en 1976, murió bajo tortura a manos de la temida DISIP, el servicio secreto de la época. Delcy tenía apenas siete años.

La muerte de Rodríguez padre conmocionó al país. Se convirtió en mártir de la izquierda y, décadas más tarde, en símbolo del relato fundacional del chavismo. Tanto Delcy como su hermano Jorge Rodríguez, hoy presidente de la Asamblea Nacional, han admitido que su vertiginoso ascenso político estuvo impulsado también por una “venganza personal”.

Chávez abrió el camino, Maduro la llevó a la cima

La carrera de Delcy Rodríguez fue tan meteórica como calculada. Se formó en Francia y el Reino Unido, especializándose en Derecho Laboral, y regresó a Venezuela justo cuando Hugo Chávez comenzaba a transformar radicalmente la política del país tras ganar las elecciones de 1998.

Chávez vio en ella una aliada disciplinada y eficaz. Bajo su mandato, Delcy escaló posiciones: fue directora de Asuntos Internacionales del Ministerio de Energía y Minas, viceministra para las Relaciones con Europa y, más tarde, jefa de Gabinete de la Presidencia.

Tras la muerte de Chávez en 2013, Nicolás Maduro no solo la mantuvo cerca, sino que la convirtió en una de las piezas centrales de su supervivencia política. Primero fue ministra de Comunicación, luego canciller en 2014, desde donde encabezó la ofensiva verbal contra Estados Unidos y Europa.

En 2016 protagonizó un incidente diplomático en Buenos Aires, al intentar ingresar sin invitación a una cumbre del Mercosur, pese a que Venezuela había sido suspendida del bloque.

Nada frenó su ascenso.

Arquitecta del sistema autoritario

En 2017 asumió la presidencia de la Asamblea Nacional Constituyente, órgano que despojó de poder al Parlamento electo y consolidó el control absoluto de Maduro. Un año después fue nombrada vicepresidenta, y desde 2020 acumula cargos estratégicos: ministra de Economía, Finanzas y Petróleo, además de directora del Banco Central de Venezuela.

Ese mismo año volvió al centro de la polémica internacional con el escándalo conocido como “Delcygate”.

El “Delcygate” y el desprecio por las reglas

En enero de 2020, Rodríguez aterrizó en Madrid en un avión privado y sostuvo una reunión con el entonces ministro de Transporte español, José Luis Ábalos, pese a que tenía prohibido el ingreso al espacio Schengen por sanciones de la Unión Europea relacionadas con violaciones a los derechos humanos en Venezuela.

El episodio reforzó una imagen que la acompaña desde entonces: la de una dirigente que no reconoce límites, dispuesta a ignorar normas internacionales si estas interfieren con sus objetivos.

¿Figura clave de una transición pos-Maduro?

En octubre de 2025, un informe del Miami Herald sacudió nuevamente el tablero político. Según el diario, Delcy Rodríguez, junto a su hermano y otros altos funcionarios, habría explorado con Estados Unidos la posibilidad de liderar un gobierno de transición sin Nicolás Maduro, con el fin de garantizar estabilidad política.

Rodríguez ha negado rotundamente esas versiones, calificándolas de “mentiras y desinformación”.

Sin embargo, las especulaciones persisten.

Casi 50 años después del entierro de su padre, cuando sus compañeros proclamaban ante la tumba que “el socialismo se conquistará luchando hasta la victoria”, su hija llegó a la cúspide del poder venezolano.

Queda por verse si Delcy Rodríguez, forjada en la venganza, el control y la confrontación, será simplemente la heredera del sistema o, presionada por factores internos y por Donald Trump, terminará siendo una pieza clave de la transición política pos-Maduro.

El destino de Venezuela podría depender de esa respuesta.

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